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¿Qué sabemos de la vacuna de Oxford contra el coronavirus?

por WebSalud
¿Qué sabemos de la vacuna de Oxford contra el coronavirus?

Muchas son las investigaciones que están en marcha en busca de un remedio fiable contra el Covid-19. Ya sabemos que la Sputnik V rusa o la vacuna de China han sido patentadas, pero tanto la OMS como numerosos expertos internacionales han dejado más o menos claro que no se fían de estas primeras versiones. Ya veremos qué ocurre en los próximos meses. Pero, ¿qué sabemos de la vacuna de Oxford contra el coronavirus?

Desde el primer momento existen varias candidatas a vacuna que convencen en mayor medida. La Moderna de EEUU o la que desarrollan entre la Universidad de Oxford y Astrazeneca se están mostrando como dos de las más avanzadas entre las más serias, pero todavía quedan unos meses más de pruebas.

Es tal el punto de fiabilidad (y deseo) que genera la vacuna de la universidad inglesa contra el Covid-19, que la UE ya ha comprado 300 millones de dosis. Y sí, España está en el ajo. Ahora bien, lo que sabemos hasta la fecha sobre la vacuna de Oxford contra el coronavirus es que los resultados de las fases desarrolladas están cumpliendo las expectativas. La vacuna ya es eficaz según las pruebas, pero por mucho que se intente acelerar los pasos, es importante no saltarse ninguno.

Conocida como ChAdOx1 nCoV-19, la vacuna se mostró exitosa con los macacos en los que se probó, a los que primero se vacunó y después se les contagió el Covid-19. En dos semanas generaron los famosos (y necesarios) anticuerpos, sobre todo los que recibieron una dosis doble. No hubo efectos secundarios. Eso sí, durante los días siguientes a la infección y a pesar de estar vacunados y sin muestras de neumonía, sí que podían contagiar el virus a otros ejemplares. No todo pueden ser excelentes noticias.

Pruebas de la vacuna de Oxford en humanos

El desarrollo de la vacuna de Oxford en humanos ya se encuentra en la fase III y los resultados fueron muy parecidos a los experimentados en los monos. El virus era neutralizado y, de nuevo, una segunda dosis aumentaba los anticuerpos de manera considerable. Los efectos secundarios de la vacuna fueron muy leves, como suele ocurrir con otras inyecciones de este tipo, desapareciendo por completo pasada una semana. Con la segunda dosis aumentaron levemente, pero sin saltar alarmas. ¿Pueden decir lo mismo las vacunas rusa y china ya patentadas? Pues, seguramente, no.

En plena fase III del desarrollo de la vacuna de Oxford, es necesario que se hagan más pruebas en un mayor número de voluntarios. En esta fase hay que probar el método con una gran variedad de edades y razas, así como en personas con condiciones de salud variadas. Esperemos que los resultados sean igual de buenos y la vacunación masiva pueda comenzar antes de concluir 2020. Esto es, al menos, lo que declaró recientemente Salvador Illa, ministro de Sanidad.

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