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El coronavirus empeora el descanso

por WebSalud
El coronavirus empeora el descanso

Todo empezó en Wuhan hace casi un año. Los primeros meses parecía que la cosa no iba con España, incluso se hablaba de que apenas habría casos. Y vaya si los ha habido. Los expertos ya habían advertido, y el tiempo les está dando la razón, que la mitad de la población estaba en riesgo de sufrir enfermedades mentales. La incertidumbre sobre el futuro, el miedo al contagio o la manera de afrontar las numerosas restricciones que están imponiéndose han llevado a la aparición de diferentes patologías. Todas ellas terminan influyendo en el sueño. La relación final es evidente, el coronavirus empeora el descanso.

El estrés, las preocupaciones, la ansiedad o la depresión terminan, de una manera u otra, causando insomnio. Este trastorno del sueño merma el descanso de las personas hasta el punto de dejarlos agotados sin motivos aparentes. Son muchos los matices que afectan. Uno de ellos es el incierto futuro económico que parece acercarse a pasos agigantados. Y más con una campaña de Navidad que, ni por asomo, se va a parecer a la última. Ni para los negocios y, menos si cabe, para las familias.

Descanso mínimo

La pandemia ha conllevado un cambio (casi radical) en nuestra forma de vida. Hace poco se veía la relación entre el teletrabajo, cada vez más habitual en muchas empresas, y los viajes a la nevera. Algo que, obviamente, perjudica cualquier dieta. La actividad física, en muchos casos, también se ha visto mermada. Pero si hay un factor clave es el aislamiento social al que la inmensa mayoría de las personas se están viendo sometidas. El síndrome de cara vacía o el hambre de piel son dos nuevas patologías directamente relacionadas con esta consecuencia de la pandemia. Hay que tener en cuenta que, al no quedar con personas, suele recurrirse a un mayor tiempo de conexión a dispositivos móviles. Un cóctel que perjudica el descanso.

El coronavirus empeora el descanso. La consecuencia directa de toda este conglomerado de situaciones es una mayor dificultad para conciliar el sueño o, en su defecto, que este sea más ligero. Algo que supone despertarse más veces durante la noche y, después, sufrir de somnolencia y cansancio durante el resto del día.

 

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